AMANECER

Me quedo parada mirando al hombre que me espera en el mirador, la luz del amanecer me impide comprobar que es él pero yo lo sé, algo en mi interior me lo dice. Suspirando miro alrededor y el paisaje me deja muda por un momento. En lo alto de la montaña, cerca del borde y con una panorámica perfecta del río al fondo es donde me encuentro. El sol, con toda su fuerza y su brillo arranca reflejos al rocío en las hojas de las plantas, haciendo de este un lugar mágico.

Despacio camino hacia el borde del mirador y sin hacer el menor ruido me coloco al lado de él, el hombre que consigue hacerme sonreír sin pretenderlo. Nos miramos y sin hablar ambos volvemos la mirada hacia el espectáculo que es la gran esfera dorada en su ascenso, el sol conquistando a la oscuridad con su luz y su calor. Extiendo mi mano y aferro la de él, entrelazando nuestros dedos. Así permanecemos por unos minutos, en silencio, contemplando al gran sol reflejado en las cristalinas aguas del río, viendo como la luz va poco a poco alejando las sombras y la calidez de la mañana traspasa al frío de la noche.

El canto de los pájaros es lo único que se escucha en este momento, es como si toda la naturaleza rindiese pleitesía al Sol y celebrase la llegada de un nuevo día en este precioso amanecer. Como si la vida triunfase sobre la muerte y todo lo que queremos pudiese lograrse, aún a sabiendas que no siempre es así.

Un escalofrío me recorre y de pronto siento que vuelvo a estar sola, a mi lado ya no está él. La realidad regresa y como una autómata giro sobre mí misma buscándole, intentando alejar ese sentimiento de pérdida que hace ya un año me invade cada amanecer. Hoy hace un año que él se fue y es en este amanecer que he decidido dejar de venir aquí, dejar de torturarme con recuerdos que lo único que hacen es impedirme seguir adelante.

Suspirando miro por última vez el sol reflejado en el río, las nubes que discretamente cubren el cielo y la niebla que se va disipando. El último amanecer que me permito ver a través de sus ojos. Hoy voy a recuperar mi vida y no habrá fantasmas que me aten al pasado. Hoy voy a dejar de llorar por él que se fue para no regresar, voy a dejar de sufrir por quien me fue arrebatado en un amanecer como este sin yo poder hacer nada para impedirlo.

Separo mis manos de la barandilla del mirador y lentamente camino de regreso a mi coche, justo antes de subirme en él miro alrededor y, al borde de las lágrimas, susurro.

– Adiós.

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