Amanecer – Athalía y CIA Magazine nº2

La revista Athalía y CIA nº2 ya está disponible y en ella podrás encontrar mi relato Amanecer. Una versión revisada y, creo, mejorada del relato original.

 

AMANECER

Me quedo parada mirando al hombre que me espera en el mirador, la luz del amanecer me impide comprobar que es él pero yo lo sé, algo en mi interior me lo dice. Suspirando miro alrededor y el paisaje me deja muda por un momento. En lo alto de la montaña, cerca del borde y con una panorámica perfecta del río al fondo es donde me encuentro. El sol, con toda su fuerza y su brillo arranca reflejos al rocío en las hojas de las plantas, haciendo de este un lugar mágico.
Despacio camino hacia el borde del mirador y sin hacer el menor ruido me coloco al lado de él, el hombre que consigue hacerme sonreír sin pretenderlo, a pesar de que es una sonrisa triste y sin ganas.
Nos miramos a los ojos sin pronunciar palabra, dejando que los sentimientos fluyan. Segundos después ambos volvemos la mirada hacia el espectáculo que es la gran esfera dorada en su ascenso, el sol conquistando a la oscuridad con su luz y su calor. Extiendo mi mano y aferro la de él, entrelazando nuestros dedos. Así permanecemos por unos minutos, en silencio, contemplando al gran sol reflejado en las cristalinas aguas del río, viendo como la luz va poco a poco alejando las sombras y la calidez de la mañana traspasa al frío de la noche.
El canto de los pájaros es lo único que se escucha en este momento, es como si toda la naturaleza rindiese pleitesía al Sol y celebrase la llegada de un nuevo día en este precioso amanecer. Como si la vida triunfase sobre la muerte y todo lo que queremos pudiese lograrse, aún a sabiendas que no siempre es así.
Un escalofrío me recorre y de pronto siento que vuelvo a estar sola, a mi lado ya no está él. La realidad regresa y como una autómata giro sobre mí misma buscándole, intentando alejar ese sentimiento de pérdida que hace ya un año me invade cada amanecer.
Hoy hace un año que él se fue. Un año de soledad y dolor visitando este lugar. Y hoy es el día, es en este precioso amanecer que he decidido dejar de venir aquí, dejar de torturarme con recuerdos que lo único que hacen es anclarme en el dolor del pasado.
Suspirando miro por última vez el sol reflejado en el río, las nubes que discretamente cubren el cielo y la niebla que se va disipando. Este es el último amanecer que me permito ver a través de sus ojos y lo atesoro en mi corazón como un maravilloso recuerdo de lo que fue y ya no puede volver a ser.
Hoy voy a recuperar mi vida, ya no habrá fantasmas que me aten al pasado. Hoy voy a dejar de llorar por él, que se fue para no regresar. Voy a dejar de sufrir por quien me fue arrebatado, en un amanecer como este, sin yo poder hacer nada para impedirlo.
Separo mis manos de la barandilla del mirador y lentamente camino de regreso a mi coche, justo antes de subirme en él miro alrededor y, al borde de las lágrimas, susurro.
– Adiós.
Hago el camino en silencio, por mi cara se deslizan surcos de dolor salado que dejo fluir. Hoy es el último día que me permito hacerlo, la última vez que exteriorizo el sufrimiento que perderle me ha provocado.
Al llegar a casa recorro las estancias, ahora vacías. En cada rincón rememoro algún momento en el que los dos fuimos felices y sonrío triste con esos recuerdos. Despacio camino hacia la entrada y agarro la maleta, ya nada me ata a este lugar, ya nada me impide salir al mundo y rehacer mi vida. Suspiro y, tras una última mirada cargada de de dolor y empañada por mis lágrimas, salgo de la que fue nuestra casa rumbo a lo desconocido.
Sacando fuerzas de flaqueza cierro la puerta con llave y llevo la maleta al coche. En ella van los restos de un amor perdido, los recuerdos de la felicidad vivida y el dolor que ocasiona la pérdida. Cierro el maletero y me apoyo en el portón de mi pequeño automóvil. No sé a donde voy ni que va a ser de mi vida, de lo que estoy segura es de que necesito salir de este bucle en el que me sumergí un año atrás, de la espiral que me arrastra de nuevo a ese fatídico día y no me permite ver más allá.
Necesito ser positiva y pensar que este nuevo amanecer traerá con él el inicio de mi nueva vida. Una vida que espero esté llena de risas, porque ya no recuerdo como se sonríe. Una vida que inicio en este doloroso día, consciente de que él no querría que siga sufriendo por su ausencia.
Decidida me subo en el coche, meto la llave en el contacto y arranco el motor. El vehículo empieza a moverse, a alejarme del dolor en busca de un futuro mejor. No se puede vivir anclado en el pasado. El presente es mío para vivirlo y, precisamente, eso quiero hacer. Vivir el presente y buscar un futuro que me haga libre y feliz, aunque no sea fácil, sé que lo lograré.

 

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